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Límites morales de una locución profesional

 

Como locutores, los clientes nos envían textos que ilustran una empresa, una filosofía o una idea. Cedemos nuestra voz para vender algo. A veces es algo que ni nos va ni nos viene, otras veces lo disfrutamos por estar en consonancia con esa idea, y excepcionalmente, podemos estar en desacuerdo con aquello que nos mandan grabar. Bien por ser algo que afecta a nuestros sentimientos, a la política o a las creencias.

 

Supongo que todos entendemos que se pueda rechazar poner la voz a una cuña de una carnicería si alguien se siente vegano. O negarse a locutar una campaña de un partido poítico si no es afín a tus ideas. Pero no nos engañemos. La integridad al cien por cien es imposible y no da de comer.

 

Considero que hay cabida para todo, y que cada cual puede optar por saltarse sus principios morales si antepone su negocio a lo demás  o si no le queda otro remedio. Personalmente, hay ciertas cosas que tengo claro que no voy a defender con mi voz, y sí he rechazado algún proyecto por esto. Muy pocos, también es verdad.

 

Este tema sale a colación porque varias veces he tenido que firmar contratos en los que se contempla explícitamente que el locutor o locutora no tendrá que grabar nada cuyo contenido atente contra valores sexuales, políticos o ideológicos. Y me ha parecido interesante compartir esto con vosotros.

 

¿Cuál es el límite para vosotros? Seáis o no locutores, si lo extrapolamos a cualquier otro trabajo, ¿creéis que es razonable negarse a ciertas peticiones que atenten contra nuestros principios?

 

 

 

 

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